Shoáh para Violín Solo y Templo Sagrado

¿Qué hace que el alma se encoja?

Friedl Dicker-Brandeis (1898–1944) llenó dos maletas con cerca de cuatro mil quinientos dibujos realizados entre 1942 y 1944 por los niños a quienes daba clases clandestinas en el gueto de Terezín. Hizo ver a sus alumnos que el dibujo era una forma de comunicarse y les sirvió como una clase de terapia. Esos dibujos son todo lo que queda de las almas de aquellos niños. Yo tuve la gran oportunidad de que esas almas en conjunto me hiciesen llorar y sintiese la necesidad de escribir música para que nunca nadie les olvide.

 

Por qué escribí la partita

A menudo y tras un suceso luctuoso, se realiza un acto de homenaje en su memoria. A menudo ese homenaje incluye la música como vehículo de comunicación emocional. También a menudo se elige música para ser interpretada por un único solista. Un violonchelista a veces. Otras, un violinista. A menudo, para este tipo de actos, se utiliza música que fue escrita en el Barroco. Y mucho más a menudo se elige música de Bach. Finalmente, de la forma más general, se eligen movimientos de sus partitas.

 

Lo que la gran mayoría desconoce es que en el Barroco aún la música no había llegado a su máxima expresión de emotividad, al menos, tal y como la conocemos ahora. También resulta desconocido, para la gran mayoría, que una partita está formada por un conjunto de danzas. Alemanda, corrente, zarabanda, bourrée, giga, gavota o chacona, son algunas de esas danzas que se encuentran entre las partes de ese tipo de suite. Es obvio que Bach no escribió esas danzas con el fin de emocionar. Mucho se ha escrito sobre la Chacona en Re menor. En algún momento, entre 1718 y 1720, se ha especulado que Bach puso sus notas en el pentagrama tras volver de un viaje y encontrar que su mujer, Maria Barbara, había fallecido. Pero el Maestro entre maestros no escribía la música como vehículo emocional para el disfrute del arte sino como parte de su función cívica o religiosa, como organista luterano. Su música transmite emociones indescriptibles y llenas de sensibilidad, pero que no alcanzan la expresividad que siglos más tarde llegaría a la música con el Romanticismo. No se trata de una limitación, sino de un estilo y un modo de escritura con finalidades diferentes. Y Bach jamás llegaría a imaginar la barbarie que esperaba a la humanidad en el siglo XX.

 

Y aunque se baje el tempo de una zarabanda o de una gavota, parece más bien un despropósito utilizar música de danza como forma de elevar la espiritualidad del alma hacia el recuerdo. Pero se ha hecho. Se ha interpretado. Y se seguirá interpretando en ese entorno rodeado de la tristeza que todo lo abarca. Porque, entre otras cosas, y aunque su música trasciende la espiritualidad y está hecha a la gloria de Dios, la mayoría de los entristecidos se encuentran prestando atención a sus recuerdos.

 

Ahora bien, yo sentí la necesidad de escribir música que honrase directamente la Memoria de las Víctimas del Holocausto porque creí que podría invocar su recuerdo desde la emoción. No se trata, pues, de intentar que un violinista demuestre todo su virtuosismo inaccesible al sentimiento de la tristeza y de la evocación. No se trata, pues, de una partita en el sentido estricto de una suite de danzas. No guardan los movimientos ni siquiera la misma tonalidad. No alternan un movimiento rápido con otro lento. No se trata, tampoco, de elevar la escritura violinista a cumbres soñadas por Ysaÿe. Ni mucho menos.

 

Tener la suerte de disponer del Stradivari “Auer”, de 1691, que nos fue cedido por el Grupo Canimex gracias al Sr. y a la Sra. Dubois, creado cuando Bach vivía y del que fue propietario Leopold Auer, quien fue el dedicatario original del Concierto de Violín de Tchaikovski y que fue uno de los más grandes pedagogos del violín ruso, ha hecho que la obra que van a escuchar tenga aún más significado emocional para mí como humilde escritor de música. Tener también el lujo de poder escribir la obra teniendo al lado al violinista Vicente Cueva, ha llevado la misma a la categoría de interpretable, algo por lo que Auer rechazó estrenar la obra de Tchaikovsky, calificándola de “intocable”. Yo no soy violinista. Tchaikovsky tampoco. Y si Tchaikovsky y Brahms necesitaron a un violinista para hacer su obra interpretable, con mucha más razón lo he necesitado yo para esta partita. Dicho desde la sinceridad y la humildad más absoluta.

 

Probablemente, al escribir estas líneas en febrero de 2017, nos encontremos ante la obra para violín sólo de más larga duración de la historia de la humanidad. Esto no la hace mejor que la peor danza que escribiese el Maestro, pero sí que tiende a elevar a un gran nivel de dificultad el que un violinista se enfrente a más de cincuenta y seis minutos por delante para llevar la máxima espiritualidad. Tantos minutos de violín desnudo podrían llevar al desafecto a cualquier oyente, por mucho que este quiera hermanarse espiritualmente en comunión con el alma de los desaparecidos. Y por si fuese poco superar tanto tiempo de ejecución, el hecho de contener el estado de tristeza durante todo ese tiempo, no es algo que pueda sobrellevarse sin preparación psicológica, técnica y física.

 

He procurado que Bach estuviese presente durante la escritura de mi obra de forma subliminal. Como también he intentado que la música judía se albergase en mi corazón y se mezclase con mi forma de escribir música. No se trata, pues, de una suite de danzas. Sino de una suite de recuerdos de hechos infames.

 

Todo aquello que nosotros no hicimos pero que debería hacernos sentir permanentemente avergonzados.

 

 

I. Yom HaShoah

Es el Día del Recuerdo del Holocausto en Israel. Ese día a las 10:00 horas suenan las sirenas aéreas. Las personas abrazan el silencio y el transporte para. Y en las autopistas los conductores abandonan sus vehículos para permanecer en pie mientras el sonido se propaga por el aire que se respira.

 

Sobibor es un campo de exterminio situado en Polonia, cerca de la aldea de su mismo nombre. Cerca de 250.000 judíos fueron exterminados allí. Casi todos los judíos que llegaban a Sobibor eran inmediatamente ejecutados. Cuando llegaban se les informaba que habían llegado a un campo de tránsito en camino a otros campos de trabajo; antes de volver a embarcarse debían ducharse y hacer desinfectar su ropa. Los hombres eran separados de las mujeres y los niños. Debían desnudarse y entregar todos sus objetos de valor. Luego eran obligados a correr hacia las cámaras de gas, bajo una lluvia de golpes, gritos y disparos de advertencia.

 

Entre 450 y 550 judíos eran apiñados cada vez en las cámaras, luego las cerraban herméticamente y se inyectaba gas venenoso por las tuberías. Después de unos 30 minutos todos estaban muertos. Equipos de trabajo integrados por otros judíos, conocidos como Sonderkommando, retiraban los cuerpos, extraían todas las piezas dentales de oro y enterraban los cadáveres.

 

Entre julio y agosto de 1943 los prisioneros organizaron un grupo clandestino liderado por Leon Feldhendler. Su plan era organizar un levantamiento y una fuga masiva. A finales de septiembre llegaron al campo, desde Minsk, prisioneros de guerra soviéticos judíos. Entre ellos se encontraba el teniente Aleksandr Pechersky, que fue designado comandante del grupo clandestino, con Feldhendler como su segundo. El plan era matar a los soldados de las SS, apoderarse de sus armas y combatir hasta lograr salir del campo. La sublevación tuvo lugar el 14 de octubre de 1943. Los prisioneros mataron a 11 miembros de las SS y a numerosos ucranianos. Aproximadamente 300 lograron escapar, pero una gran parte de ellos fueron capturados y asesinados. También fueron exterminados, en represalia, los prisioneros que no habían tomado parte en la fuga. Alrededor de 50 prófugos sobrevivieron la guerra. Corrieron hacia el horizonte que nunca terminaba de aparecer, mientras veían como las balas cercenaban la vida de los que, como ellos, buscaban la libertad.

 

 

II. Getto Warszawskie

Era noviembre de 1940. Cerca de 450.000 judíos fueron recluidos en el Gueto de Varsovia. Era el gueto terriblemente más grande de toda Europa. Los judíos fueron obligados a llevar un brazalete blanco con una Estrella de David de color azul. Rodeados de muros que construyeron con sus propias manos y bajo una estricta y violenta guardia, los judíos de Varsovia fueron aislados del mundo exterior. Dentro del gueto sus vidas oscilaban entre la lucha desesperada por la supervivencia y la muerte por enfermedad o hambre. Las condiciones de vida eran insoportables. De media, entre seis y siete personas vivían en una habitación y las raciones de comida diarias equivalían a la décima parte de la ingesta diaria requerida. La actividad económica en el gueto era mínima y en general ilegal, siendo el contrabando de alimentos el más frecuente de esa actividad. Aquellos individuos que eran activos en estos actos ilegales o tenían otros ahorros, eran generalmente capaces de sobrevivir más tiempo en el gueto.

 

Los muros del gueto no podían silenciar la actividad cultural de sus habitantes, sin embargo, y a pesar de las terribles condiciones de vida, artistas e intelectuales continuaron sus esfuerzos creativos. Por otra parte, la ocupación nazi y la deportación al gueto sirvieron como un ímpetu para que los artistas encontrasen alguna forma de expresión para la destrucción que visitaba su mundo. En el gueto hubo bibliotecas clandestinas, un archivo subterráneo, movimientos juveniles e incluso una orquesta sinfónica. Los libros, el estudio, la música y el teatro sirvieron como un escape de la dura realidad que los rodeaba y como un recordatorio de sus vidas anteriores.

 

El populoso gueto se convirtió en un punto focal de las epidemias y la mortalidad en masa. Tanto, que las instituciones de la comunidad judía como el Judenrat y las organizaciones de beneficencia, fueron incapaces de combatirlas. Y así, mientras una niña sentada en el suelo y agarrotada de frío sostenía y abrazaba a su hermano ya fallecido, la gente pasaba a su alrededor buscando sobrevivir. Esto no es fruto de la imaginación. Son los fotogramas mudos de la vida a diario que pueden visualizarse a través de internet.

 

 

III. Terezín Through the Eyes of the Children

Fue como empezó la gestación de toda esta partita. Para celebrar nuestras bodas de plata, mi esposa me regaló un viaje conjunto a Praga. Allí visitamos el Museo Judío y vimos la exposición de dibujos denominada Dibujos Infantiles en el Gueto de Terezín. La propaganda nazi, a través de la película rodada con motivo de la visita de la Cruz Roja Danesa, preparó el campo de concentración para que la vida en su interior pareciera como refugiada, protegida, salvaguardada. El trabajo, los conciertos, la educación, la ropa, la limpieza, el esparcimiento. Todo ello fue cuidadosamente preparado.

 

Cuando los informes sobre los campos de exterminio comenzaron a emerger a finales de 1943, los nazis decidieron presentar Theresienstadt a una comisión investigadora de la Cruz Roja Internacional. En preparación para la visita de la comisión, se llevaron a cabo más deportaciones a Auschwitz con el fin de reducir el hacinamiento. Se abrieron tiendas falsas, una cafetería, un banco, una escuela, jardines de infancia y similares y se plantaron jardines de flores en todo el gueto. Después de la visita, los nazis produjeron la película de propaganda sobre la nueva vida de los judíos bajo los auspicios del Tercer Reich. Después de terminar el rodaje, la mayoría de los actores de la película, incluyendo casi todos los líderes independientes y la mayoría de los niños, fueron enviados a las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau.

 

Como decía al principio, Friedl Dicker-Brandeis (1898–1944) llenó dos maletas con cerca de cuatro mil quinientos dibujos realizados por los niños a quienes daba clases clandestinas en el gueto de Terezín. Ver que lo abominable se representaba como si fuese algo normal en un dibujo infantil, me situó inmediatamente ante la infancia robada y la destrucción de la personalidad, y cuando la tristeza que emanaba de todos y cada uno de aquellos dibujos impregnó mi estado emocional, una melodía apareció en mi cabeza y la silbé para grabarla en el teléfono móvil. Son las primeras notas de esta pieza que intenta convivir con la tristeza. Esos dibujos es todo lo que queda de las almas de aquellos niños.

 

IV. Babi Yar

Todos los judíos residentes en Kiev conocían la orden. Pensaban que iban a deportarles. Lo habían leído la noche anterior, el 28 de septiembre de 1941, se avisaba que quien no se presentase sería fusilado. La orden era explícita: “Todos los judíos de Kiev y sus alrededores deberán presentarse a las 8 de la mañana del día 29 de septiembre de 1941, en la esquina de las calles de Melnikovskaia y Dokhturov. Deben llevar con ellos sus documentos, dinero, objetos de valor, así como ropa de abrigo, ropa de cama, etc. Cualquier judío que no acate esta instrucción y se encuentre en otro lugar será ejecutado”. Pensaban que iban a deportarles.

 

Les obligaron a formar en grupos de diez. Aunque no fueran de la misma familia y, a veces, a familias enteras. Les llevaron hacia el barranco, y al llegar allí, descubrían la terrible realidad. Puedo imaginar que mientras unos suplicaban otros se abrazaban y se despedían entre los golpes y los gritos que les exigían despojarse de toda la ropa. Tras las ráfagas, los cuerpos desnudos caían por el barranco acumulándose unos encima de otros. Pensaban que iban a deportarles. Y luego, otro grupo de diez. Y otro. Y otro más.

 

El día 28 dio paso al 29. Y el 29 al 30 de septiembre. Las cifras llegan hasta las ciento cincuenta mil almas que partieron desde la tierra en Babi-Yar. Y aunque pensaban que iban a deportarles, llegaron con miedo a la esquina de las calles. Caminaron bajo los gritos y los golpes hasta llegar al barranco. Y descubrieron el final que les aguardaba. La oscuridad que devoraba toda la luz de la esperanza.

 

Ya no hay judíos en Ucrania.

 

V. Bergen-Belsen

Aprendió a tocar el violín y soñaba con ser una gran concertista. Y la fama le persiguió hasta que Alma, a pesar de ser la sobrina de Mahler, fue apresada por la Gestapo. Primero en Drancy, finalmente fue deportada a Auschwitz. Nada quedaba de su famosa orquesta “Las valsistas de Viena”.  Y en Auschwitz dirigió la orquesta de mujeres. Pero la orquesta no interpretaba para ensalzar la belleza del espíritu y calmar el ansia del alma. Era una humillación que intentaba quebrar la voluntad de los presos en las ejecuciones públicas. O animar la llegada de los trenes cuyos viajeros iban supuestamente a desinfectarse en las duchas previas a la entrega de un nuevo uniforme. O para inducir el ánimo de quienes bajo cero tenían que acudir a sus trabajos forzados.

 

En octubre de 1944, la orquesta de mujeres fue enviada a Bergen-Belsen. Coexistir con la más profunda miseria era una esperanza nueva. Dos bandas tocaban música durante todo el día mientras dos mil hombres arrastraban cadáveres hacia las fosas y eran acompañados por los latigazos al compás de Lehar y Strauss. Finalmente disolvieron las orquestas.

 

Toda la vida amando la música. Toda la vida.

 

No creo que Lily Mathé, que acuñó su fama en Hungría interpretando el violín, no se removiese interiormente mientras intentaba esconder su magia con el fin de que las SS sólo oyeran las notas y no el arte que se escondía tras ellas.

 

VI. The Last Breath

Shtiler, shtiler (Silencio, silencio) es una de las obras que más se escuchan en los actos en memoria de las víctimas del Holocausto y frente a que la música recuerda vagamente a una nana, la letra es demoledora desde la primera estrofa. Una madre le pide a su hijo que no llore por la desaparición de su padre, porque sus enemigos no lo entenderán.

 

Dario Gabbai fue forzado a ser miembro de los Sonderkommando, los judíos que eran los encargados de encaminar a los recién llegados a las supuestas duchas, extraer los cuerpos de las cámaras, examinar todos los orificios naturales en busca de algo de valor y llevar los cuerpos hacia los hornos. Reconoció entre los recién llegados a dos amigos suyos. Les explicó lo que realmente iba a ocurrirles y les sugirió donde colocarse dentro de la cámara para que la muerte les abrazase cuanto antes.

 

En la segunda estrofa, con la llegada de la primavera, también el hijo es enviado a la muerte.

 

Sin basarme directamente en su melodía, intenté imaginar, en un estilo vagamente cercano, una canción sin palabras que una madre susurra a su hija, para tranquilizarla. Sabiendo solo la madre que su destino está sellado camino de la cámara de gas, tal y como ha relatado que ocurría Dario.

 

En el tercero y último verso de la canción, la madre promete a su hijo que el sol volverá a brillar, y la libertad regresará y traerá consigo a su padre ausente.

 

Jorge Grundman

Jorge Grundman es un escritor de música clásica, Doctor en Artes por la Universidad Rey Juan Carlos, Máster Universitario en Creación e Interpretación Musical por la Universidad Rey Juan Carlos, Licenciado en Ciencias e Historia de la Música por la Universidad de La Rioja, Ingeniero Técnico de Sonido e Imagen por la Universidad Politécnica de Madrid y Diplomado Técnico en Informática por la Universidad Pontificia de Salamanca. En la actualidad es Profesor Titular de la Universidad Politécnica de Madrid.

 

Su música se ha programado o ha sido difundida por radio o televisión en numerosos países como Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Alemania, Francia, Suiza o España y ha sido estrenada en lugares tan representativos como el Carnegie Hall de Nueva York, el Auditorio Nacional de Música de Madrid, el Teatro Nacional de Brasilia o el Teatro de la Zarzuela de Madrid.

 

Entre los intérpretes de sus obras se encuentran figuras tan relevantes como el Brodsky Quartet, Trío Arbós o Ara Malikian y ha sido premiado en numerosas ocasiones, siendo el único escritor de música español en recibir los premios Independent Music Awards en su 12ª edición, o el International Songwriting Competition en su 13ª edición, el Boston Metro Opera Concert Award o el Boston Metro Opera Director’s Choice entre otros.

 

Entre sus grandes obras se encuentran el oratorio para Cuarteto de Cuerda y Soprano “A Mortuis Resuregere: The Resurrection of Christ”, y la ópera homónima de la obra de la literatura universal de Miguel Delibes “Cinco Horas con Mario”. Además, recientemente se estrenó en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional su obra “A Debt to Bach” para Orquesta y Coro. Sus obras se encuentran editadas a nivel mundial por Music Sales Classical.

 

Vicente Cueva

Vicente Cueva es uno de los violinistas españoles más destacados de su generación y se ha ganado el corazón del público con su sonido cálido, su honestidad en el acercamiento al repertorio clásico y su frescura y dinamismo abordando la música actual. Su dedicación a la pedagogía y enseñanza del violín le ha dotado de un gran prestigio y muchos de sus alumnos forman parte de las principales orquestas y conservatorios de España. En la actualidad es Profesor de Grado Superior, Postgrado y Master en la Escuela Superior Katarina Gurska, es Concertino-Director de la Orquesta de Cámara de España y desde 2010 Solista invitado de la Orquesta Sinfónica de Bilbao B.O.S., labores que compagina con una incesante actividad de conciertos que le ha llevado a los teatros y salas de concierto de toda la geografía española, Europa, Estados Unidos, Centroamérica y África. También ha colaborado con la Orquesta Sinfónica de Euskadi O.S.E como Ayuda de Concertino.En 1992 forma el Dúo de violines “Pablo Sarasate”, con el que ha grabado la integral de los Dúos de Bèla Bàrtok y la Sonata op.56 de S.Prokofiev. En 1994 recibe en Santiago de Compostela el Premio “Luis Coleman” de Música Española. En 1999 ingresa por oposición y como primer violín en la Orquesta Nacional de España.

 

Comienza sus estudios musicales bajo la tutela de sus padres e ingresa en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. En 1995 se traslada a Barcelona, obteniendo, con las más altas calificaciones, las titulaciones superiores de Violín y Música de Cámara, bajo la dirección de Agustín León Ara. Posteriormente amplía sus estudios de Violín y Música de Cámara en Viena en la prestigiosa clase de Klara Flieder. Su dedicación y amor por la música de cámara le ha llevado a fundar en 2012 el Habemus Quartet, único cuarteto de cuerda español dedicado a la música contemporánea consonante y con el que ha realizado grabaciones para la Radio Televisión Española.

 

Ha grabado para el sello Non Profit Music la integral de las Sonatas para violín y piano de Jorge Grundman con el pianista Daniel del Pino, siendo nominado al Mejor Álbum Clásico en los Premios de la Música Independiente 2015.

 

Vicente cueva interpreta con el violín Stradivari “Auer” de 1691 prestado por el Groupe Canimex.

 

 

Empresas Colaboradoras

Producido por

Fundación Non Profit Music

 

Producción Musical e Ingeniería de Sonido por

Javier Monteverde

 

Editado, Mezclado y Masterizado en  Cezanne Producciones

by Javier Monteverde

 

Grabado desde el

 27 de enero al 3 de febrero de 2017

 

Fotografías por

Ángel Colomé

 

Traducción al Inglés por

Enrique Cueva

 

Traducción al Francés por

Ibidem Group

 

Shoáh para Violín Solo y Templo Sagrado
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